INFLUENCIA DE LAS
ACTIVIDADES DEL AIRE LIBRE EN EL DESARROLLO COGNITIVO DE ESTUDIANTES DE 3 Y 4
AÑOS DEL NIVEL INICIAL SAFPI, ORELLANA
INFLUENCE OF OUTDOOR ACTIVITIES ON THE COGNITIVE DEVELOPMENT OF 3 AND 4-YEAR-OLD
STUDENTS AT THE SAFPI INITIAL LEVEL, ORELLANA
Felisa ALBÁN PLACENCIO [1]
Lubis Carmita ZAMBRANO MONTES [2]
|
Recibido
Aprobado |
: : |
29/12/2025 |
|
02/06/2026 |
||
|
Publicado |
: |
24/06/2026 |
RESUMEN: El presente estudio tuvo como objetivo determinar los efectos de las
actividades de aprendizaje al aire libre en el desarrollo cognitivo de los
estudiantes de 3 y 4 años del nivel inicial del Servicio de Atención Familiar
para la Primera Infancia, en el cantón Francisco de Orellana, República del
Ecuador. Se desarrolló con un enfoque cualicuantitativo; el tipo de
investigación fue exploratorio, descriptivo y de campo. Para el levantamiento
de la información se utilizaron las técnicas de observación de niños y de entrevistas
a expertos. Los resultados evidencian la relevancia de los entornos naturales
como espacios pedagógicos que favorecen el desarrollo cognitivo, creativo y
emocional de los estudiantes. Además, las actividades al aire libre fomentan
una experiencia directa y real; a la vez, enriquecen la capacidad de los niños
para comprender su entorno y hacen que los aprendizajes sean más duraderos. El
nivel de desarrollo de las destrezas cognitivas de los niños que participaron
en actividades al aire libre está en “proceso” y “adquirido”. Se concluye que
los entornos naturales son espacios pedagógicos esenciales que ofrecen
experiencias de aprendizaje auténticas y favorecen la cognición, la creatividad
y el componente emocional en los niños.
Palabras clave: desarrollo cognitivo,
actividades lúdicas, funciones ejecutivas, educación inicial, aprendizaje
multisensorial.
ABSTRACT: The following study aimed to determine the effects of outdoor learning
activities on the cognitive development of 3- and 4-year-old students at the
initial level of the Servicio de Atención
Familiar para la primera Infancia
in Francisco de Orellana canton, Republic of Ecuador. It used a qualitative and
quantitative approach; the research was exploratory, descriptive, and
field-based. For data collection, observation techniques for children and
interviews with experts were used. The results demonstrate the relevance of
natural environments as pedagogical spaces that foster students' cognitive,
creative, and emotional development. In addition, outdoor activities provide a
direct, real experience; at the same time, they enrich children’s understanding
of their environment and make learning more lasting. The cognitive skill
development of the children who participated in outdoor activities is “in
process” and “acquired”. It is concluded that natural environments are
essential pedagogical spaces that provide authentic learning experiences, foster
cognitive growth, and support children's creative and emotional development.
Keywords: cognitive development, playful activities, executive functions, initial
education, multisensory learning.
INTRODUCCIÓN
En
la actualidad, la educación en el nivel inicial se encuentra en un proceso de
transformación pedagógica que prioriza el aprendizaje integral de los niños en
edades tempranas. A pesar de los avances teóricos y metodológicos, muchas
instituciones educativas continúan utilizando estrategias centradas en la
repetición y el trabajo en el aula, dejando de lado las experiencias de
aprendizaje en contacto directo con la naturaleza. Diversos estudios demuestran
que el aprendizaje al aire libre fomenta la creatividad, el pensamiento
crítico, la exploración sensorial y la interacción social, elementos
fundamentales para la formación cognitiva en la primera infancia (Wells y
Lekies, 2006). Sin embargo, en contextos escolares urbanos, las actividades al
aire libre suelen reducirse a recreos o juegos libres, sin una planificación
pedagógica que las oriente hacia objetivos de desarrollo cognitivo.
En
el caso específico de los niños de 3 y 4 años, se trata de una etapa crucial en
la que se consolidan procesos cognitivos como la memoria, la atención, la
clasificación, la representación simbólica y el lenguaje. La falta de
estrategias pedagógicas innovadoras, como las actividades al aire libre, puede
limitar las oportunidades de una estimulación cognitiva significativa
(Johnstone et al., 2022). De esta manera, surge la necesidad de analizar y
aplicar actividades de aprendizaje al aire libre como estrategia pedagógica
para fortalecer el desarrollo cognitivo de los estudiantes del nivel inicial,
especialmente en las etapas de los 3 y 4 años.
El
presente estudio se justifica por la necesidad de innovar las prácticas
pedagógicas en el nivel inicial, promoviendo estrategias que vinculan a los
estudiantes con el entorno natural como espacio de aprendizaje. Las actividades
al aire libre representan una oportunidad para potenciar las habilidades
cognitivas, sociales y emocionales, en línea con las demandas actuales de una
educación integral y significativa (Knight, 2009).
Desde
el punto de vista social, la investigación aporta alternativas para que las
instituciones educativas implementen recursos accesibles y sostenibles,
aprovechando los espacios exteriores como escenarios de enseñanza. En el ámbito
pedagógico, este estudio contribuye al fortalecimiento del currículo del nivel
inicial mediante estrategias innovadoras que fomentan la creatividad, el
pensamiento crítico y la autonomía infantil (Bento y Dias, 2017).
La
investigación tuvo como objetivo determinar los efectos de las actividades de
aprendizaje al aire libre sobre el desarrollo cognitivo de los estudiantes de 3
y 4 años del nivel inicial. Las investigaciones recientes han demostrado que el
contacto con la naturaleza y la realización de actividades al aire libre
favorecen el desarrollo integral de los niños en edad preescolar. Estos
estudios coinciden en que el aprendizaje en entornos naturales estimula no solo
las habilidades motrices, sino también los procesos cognitivos, al permitir que
los niños experimenten, observen y resuelvan problemas en situaciones reales.
Una
revisión sistemática realizada en Europa señaló que la educación temprana
basada en la naturaleza tiene un impacto positivo en la autorregulación, la
memoria de trabajo y la atención sostenida, competencias fundamentales para la
formación cognitiva inicial (Johnstone et al., 2022). A diferencia de los
enfoques centrados únicamente en el aula, las experiencias al aire libre
ofrecen oportunidades de aprendizaje activo, lo que promueve una mayor
autonomía y motivación específica en los niños.
En
un estudio más reciente, Zhu et al. (2024) analizaron cómo la cantidad y el
momento del día en que se realizan las actividades al aire libre influyen en la
regulación emocional y en el desarrollo cognitivo temprano. Los resultados
mostraron que el juego al aire libre, especialmente en horarios flexibles, se
asocia con mejoras significativas en la memoria de trabajo, lo que evidencia la
conexión entre experiencias físicas, emocionales y cognitivas en la infancia.
De
manera complementaria, investigaciones en el ámbito educativo han resaltado el
rol del docente como mediador en estos procesos. Cuando el educador guía el
juego en la naturaleza, no solo se fomentan la creatividad y la exploración,
sino que también se estructuran experiencias significativas que potencian la
adquisición de conceptos matemáticos, lingüísticos y científicos en edades
tempranas (Smedsrud et al., 2024).
Los
estudios coinciden en que el aprendizaje al aire libre constituye una
herramienta pedagógica eficaz para estimular el desarrollo cognitivo de los
niños del nivel inicial. El contacto con la naturaleza, la exploración
sensorial y la mediación docente conforman un triángulo esencial que fortalece
la memoria, la atención y el pensamiento crítico desde los primeros años de
vida.
DESARROLLO
Función
pedagógica de los entornos naturales
El
desarrollo cognitivo en la primera infancia es un proceso dinámico, no lineal y
complejo que emerge de la interacción bidireccional entre la neurobiología del
niño y su entorno experiencial. Lejos de ser un despliegue automático de
capacidades preprogramadas, la arquitectura cerebral se construye activamente mediante
la exploración, el juego y la interacción social (Shonkoff, 2017). En este
marco, las teorías contemporáneas del aprendizaje y la neuroeducación coinciden
en que los entornos naturales ofrecen un contexto multisensorial óptimo y rico
en estímulos integrados, lo cual resulta fundamental para la maduración de las
redes neurales que sustentan las funciones cognitivas superiores.
La
evidencia neurocientífica reciente indica que la experiencia en espacios
abiertos y verdes tiene un impacto directo y positivo en el cerebro infantil.
La llamada "exposición a espacios verdes" se ha correlacionado con un
mayor volumen de materia gris en las regiones prefrontales y frontales, áreas
directamente vinculadas con el control ejecutivo, la memoria de trabajo y la
regulación de la atención (Dopko et al., 2019).
Este
entorno actúa como un "gimnasio para el cerebro", donde la atención
se ejercita de manera diferente: en lugar de requerir un esfuerzo voluntario
para sostenerla en un estímulo único (como ocurre a menudo en el aula), el
ambiente al aire libre promueve una atención fascinada o involuntaria, que
permite a los recursos cognitivos recuperarse de la fatiga mental, un fenómeno
respaldado por la Teoría de la Restauración de la Atención (ART) en contextos
infantiles (Moll et al., 2022).
Procesos
como la memoria se ven potenciados por la carga emocional y novedosa de las
experiencias al aire libre, lo que facilita una codificación más profunda y
duradera. La resolución de problemas y las funciones ejecutivas—la
planificación, la inhibición de impulsos y la flexibilidad mental—se ponen en
juego de manera auténtica y significativa cuando un niño debe calcular cómo subir
a un árbol, negociar las reglas de un juego cooperativo o idear una estrategia
para transportar agua con sus amigos (Fyfe-Johnson et al., 2021).
En
el nivel inicial, y específicamente para los niños de 3 y 4 años, quienes
experimentan una explosión del lenguaje, del pensamiento simbólico y de las
habilidades socioemocionales, estas actividades trascienden la mera recreación.
Se convierte en una estrategia pedagógica poderosa y con sólidos fundamentos
científicos, alineada con el principio de que el aprendizaje es encarnado
(embodied cognition); es decir, que el cuerpo y el movimiento son vehículos
centrales para la construcción del conocimiento (Macedonia, 2019)
Actividades
pedagógicas al aire libre en el nivel inicial
Las actividades pedagógicas al aire libre van
más allá de la mera realización de juegos. Según los autores Chicaiza Sinch et
al. (2023), lo plantean como un método educativo basado en el juego, con un
enfoque lúdico, que convierte el exterior en una herramienta educativa
destinada a estimular todas las áreas de desarrollo. El núcleo de este concepto
se distingue por la planeación formativa deliberada, diseñada con objetivos de
aprendizaje concretos, que utiliza el entorno como aliado que impulsa de manera
orgánica la investigación independiente.
La
solidez de esta perspectiva se debe a su anclaje en marcos teóricos clásicos.
Al recurrir a la teoría del desarrollo de Piaget y a la concepción de las
inteligencias múltiples de Gardner, Chicaiza Sinch et al. (2023) corroboran que
el movimiento y la interacción física con el entorno son instrumentos
indispensables para el aprendizaje en la primera infancia. Desde la perspectiva
planteada por Piaget, estas actividades contribuyen a la formación de esquemas
mentales mediante la experimentación con elementos tangibles como el agua, las
plantas o la arena, superando así las limitaciones de la abstracción.
Por
otro lado, la teoría de Gardner plantea que un entorno abierto es un espacio
ideal para desarrollar inteligencias como la inteligencia natural (clasificar
hojas e insectos), la inteligencia kinestésica (trepar árboles y mantener el
equilibrio) y la inteligencia espacial (conocer la propia ubicación en el patio
de recreo), lo que demuestra que esta metodología puede dar cabida a una
variedad de posibilidades.
Estas
actividades se caracterizan por su carácter integrador, ya que una sola
experiencia, como cultivar un huerto, abarca las siguientes áreas de contenido:
matemáticas (medir el crecimiento), ciencias (el ciclo de vida de una planta),
lenguaje (ampliar el vocabulario) y valores (responsabilidad y perseverancia).
Así, el rol del educador evoluciona hacia el de facilitador, diseñando entornos
de aprendizaje ricos y observando las interacciones de los niños para orientar
y reforzar sus descubrimientos, fortaleciendo el entorno exterior como un
ambiente educativo rico en estimulación y oportunidades de desarrollo.
Tipos
de actividades al aire libre aplicables al nivel inicial
Las actividades al aire libre en la educación
infantil deben planificarse y ser sistemáticas, aprovechando al máximo el
potencial del entorno natural como espacio de aprendizaje multisensorial. Diversas
investigaciones sobre la educación infantil basada en la naturaleza señalan que
estas actividades pueden organizarse de acuerdo con sus propósitos pedagógicos
y con las habilidades que se buscan fortalecer. Entre ellas destacan las
actividades de exploración sensorial, las experiencias de motricidad gruesa y
las dinámicas de interacción social y de juego simbólico, todas ellas relacionadas
con el desarrollo integral de los niños (Johnstone et al., 2022; Smedsrud et
al., 2024).
Una
de las actividades más importantes es la exploración y el descubrimiento sensoriales.
Estas actividades se centran en el contacto directo de los niños con elementos
naturales como hojas, piedras, agua, tierra y arena, lo que estimula los
sentidos y fomenta la curiosidad. La segunda actividad clave es la motricidad
gruesa y el juego en espacios abiertos. Correr, saltar, trepar árboles seguros
y jugar en terrenos irregulares son actividades que desarrollan la motricidad
gruesa, el equilibrio y la conciencia corporal en los niños. Finalmente, es
importante incorporar la interacción social mediada por el entorno y el juego
simbólico. Los entornos naturales ofrecen un marco ideal para que los niños
inventen juegos de rol como "explorador de la selva" o
"constructor de refugios", lo que fomenta las habilidades
lingüísticas, la cooperación, la negociación y el pensamiento creativo.
Aprendizaje
al aire libre como estrategia pedagógica.
Las
vivencias educativas en entornos naturales constituyen propuestas pedagógicas
sistemáticas que trascienden el aula tradicional y emplean el entorno natural
como escenario que dinamiza el desarrollo integral. Estas consisten en
estrategias implementadas en áreas abiertas, diseñadas para fortalecer la
coordinación motora amplia, la experimentación sensorial y la afinidad con el
medio natural. La esencia de esta iniciativa radica en su doble
intencionalidad: optimizar el progreso físico, al tiempo que se establecen
vínculos positivos con el entorno (Achury y Torres, 2024).
La
eficacia de estos enfoques se basa en la capacidad de los entornos naturales para
proporcionar estímulos complejos, no estructurados y multisensoriales que
requieren una adaptación constante y respuestas creativas por parte de los
estudiantes, a diferencia de los entornos artificiales predecibles. Este
enfoque es coherente con las tendencias educativas contemporáneas que priorizan
el aprendizaje significativo y situado, en el que el conocimiento se construye
a través de la interacción directa con el entorno y de la resolución de
problemas del mundo real.
Además,
estas experiencias desarrollan inherentemente habilidades socioemocionales
importantes, como la autosuficiencia, la adaptación a condiciones climáticas y
a terrenos impredecibles, y la colaboración para superar los desafíos al aire
libre. Por lo tanto, estas actividades deben planificarse y secuenciarse
cuidadosamente no solo para ayudar a los participantes a aprender a
desenvolverse en su entorno, sino también para fomentar gradualmente un sentido
de indagación y responsabilidad, lo que finalmente los llevará a una
participación activa en la conservación del medio ambiente. De esta manera, el
entorno natural emerge como un protagonista esencial del proceso educativo, un
espacio de indagación que enriquece el currículo formal y contribuye al desarrollo
de individuos más conscientes, críticos y saludables.
Desarrollo
cognitivo
El
desarrollo cognitivo en la etapa preescolar puede definirse como el proceso de
construcción progresiva de las estructuras mentales que permiten al niño
conocer, comprender y relacionarse con su entorno (Barreto et al., 2024).
Según
Leiva y Zuleta, en su investigación, lo conceptualizan a partir de los
postulados piagetianos y vygotskianos como un proceso activo en el que el niño,
a través de la interacción social y la experimentación directa, desarrolla
funciones cognitivas esenciales como la atención sostenida, la memoria de
trabajo, la clasificación, la seriación, la resolución simple de problemas y el
pensamiento simbólico. Estas autoras enfatizan que, en la primera infancia, el
desarrollo cognitivo es inseparable de la acción concreta y del juego, siendo
este último el vehículo natural por excelencia para su estimulación y
fortalecimiento (Leiva y Zuleta, 2020).
Este
proceso de desarrollo se caracteriza por una notable neuroplasticidad, en la
que experiencias ricas y diversas moldean activamente las conexiones sinápticas
y sientan las bases para todo aprendizaje futuro. Por lo tanto, la calidad de
estas experiencias es fundamental para potenciar el desarrollo cognitivo
(Molina y Adrián, 2024). Un entorno estimulante que presente desafíos
apropiados para el desarrollo fomenta el desarrollo de nuevas habilidades
metacognitivas, como la planificación de acciones sencillas y la evaluación de
sus resultados. Desde una perspectiva vygotskiana, la mediación por parte de
adultos o pares más competentes es esencial porque, a través del andamiaje del
lenguaje y de actividades compartidas, los niños internalizan herramientas
culturales y estrategias de pensamiento que no habrían podido desarrollar por
sí solos (Sarmiento et al., 2024).
De
la misma manera, el juego simbólico y de roles propio de esta etapa no es un
mero entretenimiento sino un ejercicio cognitivo complejo que requiere
representación mental, flexibilidad de pensamiento para adoptar roles distintos
al propio y capacidad de seguir las reglas implícitas de una narrativa lúdica;
en otras palabras, capacidad de ejercitar funciones ejecutivas, el desarrollo
cognitivo en los niños en edad preescolar no puede entenderse de forma aislada,
sino como el resultado de una compleja red de factores biológicos, sociales y
emocionales que convergen en las actividades lúdicas y de exploración del mundo
(Rosero et al., 2025).
Importancia
del juego en el desarrollo cognitivo
El
juego es una actividad exclusivamente humana y constituye un mecanismo primario
para el desarrollo cognitivo, especialmente durante la primera infancia (Ramos
et al., 2025). En las primeras etapas, el juego va más allá de las cualidades
lúdicas para convertirse en un vehículo vital para el aprendizaje
significativo, integrando experiencias sensoriales, motoras y sociales que
promueven la maduración de las estructuras cerebrales asociadas con el
pensamiento complejo (Quinde
de la Cuadra, 2025).
En
este estudio se destaca que el juego incide directamente en el desarrollo
cognitivo porque:
1.
Estimula la función ejecutiva: los juegos simbólicos (como “jugar a las
casitas” o juegos de rol) requieren habilidades importantes para el éxito
académico futuro, como la planificación, la flexibilidad mental y el control
inhibitorio.
2.
Lenguaje y abstracción mejorados: al interactuar con sus compañeros en juegos
formales, los niños amplían su vocabulario, comprenden reglas secuenciales y
practican el pensamiento abstracto.
3.
Desarrolla la metacognición: el juego libre en espacios abiertos permite a los
niños autoevaluar sus acciones, corregir errores y ajustar sus estrategias para
alcanzar metas, lo cual constituye la base del aprendizaje autónomo (Bustamante
et al., 2024).
METODOLOGÍA
El
presente estudio se desarrolló con un enfoque cuanti-cualitativo, orientado a
examinar la incidencia de las actividades de aprendizaje al aire libre en el
desarrollo cognitivo de niños de 3 y 4 años. Permitió integrar la
interpretación de conductas y experiencias con el análisis de cualidades y de cuantificaciones
emergentes en contextos naturales. El tipo de investigación fue descriptivo,
dado que se buscó caracterizar e identificar manifestaciones del desarrollo
cognitivo, como el razonamiento, la memoria y la atención en experiencias
pedagógicas vinculadas al entorno. Se adoptó un diseño no experimental, sin
manipulación de variables, con el fin de observar los fenómenos tal como se
presentan en el proceso educativo.
El
escenario de investigación fue el Servicio de Atención Familiar para la Primera
Infancia (SAFPI), ubicado en el cantón Francisco de Orellana. La población
estuvo constituida por 25 estudiantes de 3 y 4 años, quienes también
conformaron la muestra, seleccionada por reunir las condiciones necesarias para
las observaciones en un ambiente natural. Las técnicas de recolección
incluyeron la observación, mediante una ficha diseñada para registrar procesos
y comportamientos cognitivos en tiempo real, y la entrevista semiestructurada
aplicada a expertos en educación inicial. Como limitaciones del estudio, se
reconocen el tamaño reducido de la muestra y la ausencia de un grupo de
control, lo que restringe la generalización de los hallazgos y la posibilidad
de establecer relaciones causales.
La
validación de los instrumentos se efectuó mediante el juicio de expertos y la
realización de una prueba piloto para asegurar la claridad, la pertinencia y la
aplicabilidad. En el ámbito ético, se obtuvo el consentimiento informado de los
padres de familia. El levantamiento de datos a los niños se realizó durante 3
semanas, en jornadas matutinas de 3 horas, en las visitas domiciliarias, para
observar su desempeño en las actividades al aire libre. Por otro lado, la
entrevista a los expertos se realizó de forma presencial y virtual. El
procesamiento de la información consistió en el análisis organizado de los
datos, relacionándolos con categorías previamente establecidas, lo que permitió
una interpretación, comprensión y contrastación adecuadas de los resultados.
RESULTADOS
Tabla
1
Observación
a niños de 3 y 4 años
|
Destrezas |
Valoración |
|||||||
|
Inicio |
En proceso |
Alcanzada |
Total |
|||||
|
F |
% |
F |
% |
F |
% |
F |
% |
|
|
Expone ideas nuevas relacionadas con lo experimentado, observado y
escuchado. |
1 |
4% |
14 |
56% |
10 |
40% |
25 |
100% |
|
Relaciona lo observado en el entorno natural con experiencias previas. |
2 |
8% |
13 |
52% |
10 |
40% |
25 |
100% |
|
Clasifica objetos naturales (hojas, piedras, flores) según
características |
0 |
0% |
0 |
0% |
25 |
100% |
25 |
100% |
|
Sigue secuencias narrativas simples de una historia contada al aire
libre. |
0 |
0% |
5 |
20% |
20 |
80 % |
25 |
100% |
|
Participa activamente en conversaciones sobre lo observado. |
1 |
4% |
11 |
44% |
13 |
52% |
25 |
100% |
Nota. Elaboración propia.
En
la tabla 1 se evalúa el nivel de desarrollo cognitivo en los estudiantes de 3 y
4 años del nivel inicial, en cuanto a la destreza: expone ideas nuevas relacionadas con lo
experimentado observado y escuchado, los resultados indican que el 56% de los
niños se encuentra en un proceso de desarrollo, esto determina que la gran
parte de los estudiantes logran expresar sus propias ideas, aunque requieren de
un acompañamiento del docente para ampliar su vocabulario y mejorar los
pensamientos coherentes. Lo observado evidencia una evolución significativa en
el pensamiento crítico y en la expresión oral.
Se
considera que los niños logran desarrollar la capacidad de expresar y generar
ideas nuevas cuando participan de manera intencional (Blewitt et al., 2021). La
exposición y la verbalización de las ideas mejoran cuando los niños relacionan
la observación directa del medio con la narración activa de lo observado, lo
que fomenta la capacidad de construir conocimientos propios y de expresarlos en
voz alta (Moula et al., 2021).
La
destreza relaciona lo observado en el entorno natural con experiencias previas.
Se confirma que el 52% de los niños presentan un desarrollo intermedio o en
proceso en la experiencia de aprendizaje al aire libre. Esto confirma la
relevancia de las estrategias pedagógicas que integran la observación del medio
con la actividad reflexiva, promoviendo aprendizajes duraderos.
Esta
situación refleja que la mayoría de los niños logran establecer relaciones
entre lo nuevo que experimentan al aire libre y sus conocimientos previos, lo
que favorece una comprensión significativa del aprendizaje. Se corrobora con lo
señalado por Lindfors et al. (2021): el aprendizaje al aire libre facilita la
generación de conexiones cognitivas mediante la interacción directa con los
medios multisensoriales. De igual forma, Jukes et al. (2022) argumentan que las
exploraciones activas vinculadas a las experiencias previas potencian la
transferencia del aprendizaje y mejoran la memoria a largo plazo. Por otro
lado, Dankiw et al. (2023) mencionan que el juego no estructurado en medios
naturales permite a los niños conectar lo evidenciado con la vida cotidiana, lo
que promueve el aprendizaje a través de la reflexión personal.
En
cuanto a la destreza de clasificar
objetos naturales como hojas, piedras y flores según sus características, el
100% de los niños la lograron; la efectividad de esta habilidad resalta la
eficiencia de las actividades prácticas y sensoriales, puesto que la
manipulación directa de los materiales naturales facilita la comprensión de conceptos
como color, textura y forma. La clasificación promueve el desarrollo cognitivo
y la capacidad de analizar los procesos fundamentales en las primeras etapas
del aprendizaje científico.
De acuerdo
con lo que indican González-Sanmartín y Yanacallo-Pilco (2020), la experiencia
manipulativa con materiales concretos favorece la formación del pensamiento
lógico-matemático desde edades tempranas. Por su parte, Ramos Vallecillo (2022)
afirma que la educación es necesaria en la etapa infantil; mediante el contacto
físico con objetos, sirve de base para que el niño identifique propiedades como
el color, la textura y la forma. De esta manera se controlan diferentes
esquemas mentales organizados. Asimismo, Narváez (2022) entiende que las
clasificaciones de componentes naturales contribuyen al desarrollo cognitivo,
permitiendo al niño ordenar, agrupar y explicitar todos sus criterios de
elección.
En
referencia a la destreza de seguir secuencias narrativas simples de una
historia contada al aire libre, se evidencia que el 80% de los estudiantes lo
lograron. Estos hallazgos evidencian un elevado nivel de comprensión auditiva y
memoria secuencial, que se fortalecen
mediante narraciones en áreas naturales y
actividades al aire libre relacionadas con los procesos de estimulación,
la imaginación y la capacidad para reconstruir las historias, esenciales para
el desarrollo del lenguaje.
Los
resultados se relacionan con lo planteado por Blewitt et al. (2021), quienes
sostienen que las experiencias educativas significativas favorecen el
desarrollo de habilidades comunicativas y socioemocionales desde la primera
infancia. Asimismo, Johnstone et al. (2022) señalan que las actividades
desarrolladas en entornos naturales contribuyen al fortalecimiento de la
atención, la exploración y la construcción de aprendizajes significativos. De
igual manera, Poveda-Silva et al. (2025) indican que las estrategias
multisensoriales favorecen el desarrollo del lenguaje, la comprensión y la
expresión verbal, aspectos fundamentales para la organización del pensamiento y
la comunicación infantiles.
Con
relación a la destreza de participación activa en conversaciones sobre lo
observado, el 52% de los niños lo logró, evidenciando que se requieren mejoras
que fomenten la seguridad y la espontaneidad al hablar en grupo, el diálogo
guiado por el docente y la dinámica colectiva que favorecen la expresión de
ideas, el respeto por los turnos al pedir la palabra y la construcción de
aprendizaje colaborativo que fundamenta el desarrollo social y lingüístico en
educación inicial.
Según
Cuesta-Ormaza y
Barrera-Andrade (2022), la interacción verbal en contextos grupales fomenta la
cooperación y la construcción de conocimiento compartido, lo que mejora la
autonomía comunicativa desde una edad temprana. Además, Poveda-Silva et al. (2025)
indican que las estrategias
multisensoriales y el diálogo guiado por el docente permiten una mayor
estimulación, la expresión verbal y la seguridad para comunicarse, favoreciendo
así el aprendizaje de forma activa. De la misma manera, Bejar et al. (2024) señalan
que las participaciones orales en las actividades colectivas mejoran la
inquisición del lenguaje y la comprensión social, lo que constituye un
instrumento importante para el desarrollo infantil en la educación inicial.
Resultados
de entrevista a expertos
La
investigación, además, contempló una entrevista a tres expertos en educación
inicial, cuyo objetivo fue identificar las actividades de aprendizaje al aire
libre que favorecen el desarrollo cognitivo de niños de 3 y 4 años.
A la pregunta: ¿Cuál es la función pedagógica
de los entornos naturales para desarrollar el pensamiento y la creatividad
infantiles?
Experto
uno: “Considero que los entornos naturales actúan como espacios pedagógicos ya
que ellos estimulan los sentidos invitan a la exploración y promueven la
curiosidad innata del niño al permitir
interactúe con cada uno de los elementos naturales que se encuentran en
el entorno como hojas palos tierras la
tierra o el agua de esta manera los niños construyen su propio aprendizaje, que
son significativos porque se desarrollan
a través de la observación y la experiencia que ellos realizan al jugar de manera
libre”.
Experto
dos: “Los entornos naturales tienen la gran ventaja de que no están
estructurados. Cuando se brinda a los
niños la oportunidad de estar en contacto con la naturaleza, cuentan con
diversas opciones gracias a la variedad de elementos disponibles. Entonces, se
puede aprovechar para que el estudiante se dé cuenta de que en la naturaleza
existe diversidad de cosas, formas, colores y tamaños, lo que le permite
desarrollar experiencias sensoriales valiosas para aprender de manera
significativa”.
Experto
tres: “Los entornos naturales cumplen una función esencial. Es el entorno en el que a los niños se les brindan
experiencias directas que estimulan la observación, la curiosidad y la
exploración. Estos espacios les ayudan a construir su conocimiento, el
pensamiento lógico y su creatividad; al manipular, mirar y sentir, interiorizan
aprendizajes; incluso sus emociones cambian para enfocarse de manera
constructiva”.
Pregunta:
¿Por qué considera usted que las actividades al aire libre potencian el
desarrollo cognitivo y el aprendizaje infantil?
Experto
uno: “Considero que las actividades al aire libre fomentan una experiencia
directa y real, a la vez, permiten enriquecer la capacidad de que los niños
comprendan su entorno y favorecen aprendizajes más duraderos”.
Experto
dos: “Las actividades al aire libre implican la disponibilidad para que los
niños puedan moverse sin riesgo de lesión. Este espacio debe ser un lugar que
contenga césped, grama, arena o suelo, que permita el desarrollo de algunas
habilidades motrices, por ejemplo, correr, saltar, reptar, rodar, entre otras.
Este proceso contribuye al desarrollo cognitivo al experimentar diferentes
situaciones, resolver conflictos y mostrar flexibilidad mental”.
Experto
tres: “En esos contextos los niños observan, experimentan, construyen,
imaginan, se inspiran y disfrutan de toda la realidad que les rodea, que es su
realidad, no es algo inventado como son las pantallas; ellos sienten, hay muchas emociones y sensaciones que les
favorece el lenguaje, la autonomía, la capacidad de tomar decisiones, porque también en ese juego o en esta
participación se relaciona con los compañeros y ven dificultades y comienzan a
tomar decisiones que son aspectos muy fundamentales para ser autónomos, lo que a la vez, favorece el desarrollo del
pensamiento infantil”.
Pregunta:
¿Qué actividades al aire libre, en particular, son más favorables para los
niños de 3 y 4 años?
Experto
uno: “Todas las que tienen que ver con excursiones o caminatas, porque amplían
su percepción del entorno y fortalecen también su creatividad; las
exploraciones en entornos naturales les ayudan mucho a ser más curiosos y
preguntones; cuando los niños observan insectos, flores, piedras y animales y
están en contacto con ellos, les ayuda a desarrollar diferentes destrezas”.
Experto
dos: “Las actividades en general son todas las que tengan que ver con
motricidad gruesa, correr, saltar, caminar sobre un banquillo, si se puede
hacer subir y bajar escaleras, colgarse en barras, también correr en diferentes
ritmos y velocidades caminar sobre líneas, caminar sobre la arena sin calzado
en la en la tierra seca, en la tierra mojada. Brindarle la oportunidad de experimentar
sensaciones diversas. Todo lo que tiene que ver con la psicomotricidad, como
gatear, rodar, reptar y andar en bicicleta. Todas estas actividades son
imprescindibles y se deben trabajar en los niños de estas edades porque
desarrollan su musculatura y la agilidad, tanto física como mental; de igual
forma, el tener la decisión de poder decidir «hago o no hago esta actividad,
camino o no camino»; esto ayuda a tener equilibrio emocional y tomar
decisiones; por eso, es importantísimo trabajar todos los ejercicios que
podamos hacer que desarrollen la psicomotricidad gruesa”.
Experto
tres: “Yo considero que los más favorables son los huertos infantiles, en donde
uno le propone al niño sembrar una semilla y él ve todo el proceso que se
realiza para plantar esa semilla; incluso se le enseña a regar las plantas y,
posteriormente, él va observando el crecimiento de la misma plantita, lo cual
promueve la responsabilidad y el pensamiento científico en los niños. Otra
actividad podría ser el juego simbólico al aire libre donde los niños mediante
su entorno y con cada uno de los objetos o elementos del que encuentren pueden
crear su imaginación por ejemplo construir casitas con ramas, caminos con
piedras o inclusive ellos con las mismas hojas, flores se imaginan y empiezan a
realizar juegos de la cocina. Otro juego sería el juego sensorial, en el que a
los niños se les permita tocar diferentes texturas del entorno, como palos,
arena, hojas, agua, olfatear flores y escuchar diversos sonidos que los rodean”.
Análisis
de las entrevistas
En
base a la entrevista ejecutadas a los expertos en educación inicial, se logró
evidenciar que existe un consenso en base a la relevancia de los entornos
naturales como espacio pedagógico que mejora el desarrollo cognitivo, creativo
y emocional en los estudiantes, los expertos coinciden en que la naturaleza
otorga un contexto de aprendizaje de forma auténtica donde el niño puede
edificar sus conocimientos mediante la observación la experimentación directa y
la manipulación de los elementos del entorno.
Las
investigadoras consideran que las actividades al aire libre son un instrumento
importante para el desarrollo integral de los niños. Este tipo de experiencia
favorece la toma de decisiones, la flexibilidad y la autonomía, permitiendo que
aprendan de forma activa, además de promover el pensamiento lógico, la
resolución de conflictos y la creatividad, aspectos importantes para el
desarrollo cognitivo durante la primera infancia.
Se
determina que los entornos naturales y las actividades al aire libre, como
huertos escolares y prácticas de motricidad gruesa incorporadas de forma
planificada al currículo de educación inicial, propician experiencias
significativas que contribuyen al desarrollo integral del infante.
DISCUSIÓN
DE RESULTADOS
Los
resultados obtenidos evidencian que las actividades de aprendizaje
desarrolladas en entornos al aire libre constituyen una estrategia pedagógica
relevante para fortalecer el desarrollo cognitivo de niños de 3 y 4 años del
nivel inicial. El contacto directo con elementos naturales, junto con experiencias
multisensoriales y dinámicas lúdicas en espacios abiertos, favoreció la
creación de escenarios de aprendizaje más activos y significativos. En dichos
contextos se observaron avances en procesos cognitivos esenciales, entre ellos
la atención, la memoria, la comunicación oral y la estructuración del
pensamiento lógico. Desde una perspectiva neuroeducativa, los hallazgos
evidencian que los entornos naturales favorecen aprendizajes más activos y
significativos, permitiendo que los niños construyan conocimientos mediante la
exploración y la experimentación directa. Estos resultados coinciden con lo
planteado por Shonkoff (2017) y Dopko et al. (2019), quienes sostienen que el
contacto con entornos naturales estimula funciones cognitivas y favorece la
activación de redes neuronales mediante experiencias multisensoriales.
Se
identificó que las destrezas vinculadas a la expresión verbal, la construcción
de ideas y la relación entre experiencias previas y nuevos aprendizajes
requieren una mediación pedagógica permanente. En este sentido, los resultados
permiten inferir que el entorno natural, aunque constituye un espacio favorable
para el aprendizaje, no garantiza por sí mismo procesos significativos de
construcción del conocimiento. En concordancia con ello, Dopko et al. (2019) y
Smedsrud et al. (2024) manifiestan que la mediación del adulto resulta
fundamental para potenciar los aprendizajes, ya que la orientación docente
permite transformar las experiencias de exploración en oportunidades de
construcción significativa del conocimiento.
La
participación en conversaciones sobre las experiencias observadas evidenció una
evolución favorable de las habilidades comunicativas y sociales, lo que refleja
un desarrollo progresivo de dichas destrezas. Estos hallazgos respaldan lo
planteado por López (2022), quien sostiene que el juego libre y las actividades
al aire libre promueven la interacción social, la autonomía y la resolución de
problemas. En este contexto, la exploración libre de la naturaleza permitió
integrar dimensiones emocionales, sociales y cognitivas en el proceso de
aprendizaje.
Las
entrevistas realizadas a los expertos complementan estos resultados y destacan
que los entornos naturales actúan como áreas pedagógicas en las que se fomentan
la creatividad, la curiosidad y el pensamiento lógico. Además, los
especialistas coinciden en que las acciones al aire libre promueven la
observación directa, la exploración y la manipulación de elementos naturales.
Estos hallazgos guardan relación con la teoría de la cognición encarnada
propuesta por Macedonia (2019) que sostiene que el aprendizaje se construye a
partir del movimiento y de la interacción con el entorno, lo que fortalece la
conexión entre pensamiento y acción.
Los
expertos destacaron prácticas específicas como los huertos escolares, el juego
simbólico y las experiencias sensoriales, señalando que estas actividades
estimulan la toma de decisiones, la psicomotricidad y la observación
científica. Estas prácticas pedagógicas coinciden con lo propuesto por Chicaiza
Sinch et al. (2023) y por
Achury y Torres (2024), quienes consideran que el entorno natural es un recurso
de aprendizaje en el que se promueven el pensamiento crítico, la autoconfianza y
la autonomía desde una edad temprana.
Desde
la triangulación cualitativa, los entrevistados reforzaron los resultados al
indicar que los entornos naturales permiten al niño explorar, cuestionar y
construir conocimiento a partir de la experiencia directa, lo que destaca el
valor pedagógico de estos espacios. Asimismo, otro especialista indicó que, sin
orientación docente, varias experiencias se quedan en lo lúdico y no se
transforman en aprendizaje significativo, lo cual coincide con los hallazgos
observacionales y aporta una perspectiva crítica sobre la necesidad de la
intervención educativa.
Estas
apreciaciones coinciden con los planteamientos de Macedonia (2019) y de Chicaiza
Sinch et al. (2023), aunque el estudio actual aporta evidencia contextual que
demuestra que la efectividad depende no solo del entorno natural, sino también
de la planificación pedagógica y de la mediación docente. Los testimonios de
los expertos evidencian que el aprendizaje al aire libre no solo mejora las
destrezas cognitivas, sino que también contribuye de manera significativa al
desarrollo integral de los niños.
Entre
las limitaciones del estudio se reconocen el tamaño reducido de la muestra y la
ausencia de un grupo de control, lo que limita la generalización de los
resultados y la posibilidad de establecer relaciones causales concluyentes.
Asimismo, el estudio se desarrolló en un contexto educativo específico, por lo
que futuras investigaciones podrían ampliar el análisis mediante diseños
comparativos y longitudinales en distintos entornos socioculturales.
CONCLUSIONES
Los
hallazgos obtenidos en la muestra analizada en referencia a los 25 estudiantes
indican que las actividades de aprendizaje al aire libre poseen efectos
positivos en el desarrollo cognitivo de los niños de 3 y 4 años del nivel
inicial, la observación, la manipulación de materiales y la exploración
fortalecen las destrezas como la atención la memoria y la comprensión
permitiendo que los niños aprendan de forma significativa, los entornos
naturales funcionan como espacios pedagógicos que estimulan los sentidos,
fomentan la curiosidad y permiten que los niños construyan sus aprendizajes.
En
relación con las actividades más eficientes, se identificó que aquella basada
en la implementación sensorial, el juego libre y la exploración guiada puede
fomentar la autonomía, las capacidades de establecer relaciones y la
curiosidad, entre las cuales se brindan experiencias de aprendizaje previas y
nuevas. De acuerdo con los expertos, las actividades basadas en caminatas o en
juegos de psicomotricidad son importantes porque fortalecen la creatividad y la
comprensión en el medio natural.
Al
evaluar el nivel de desarrollo cognitivo, se determina que gran parte de los
niños ha logrado o se encuentra en proceso de lograr dichas destrezas. Esto
demuestra la relevancia integral del medio natural como recurso pedagógico
constante que estimula la comunicación, la creatividad y el trabajo
colaborativo. También las experiencias directas en el medio influyen en la
regularización emocional y en el pensamiento lógico, en los que se promueve el
aprendizaje dinámico y sostenible en la educación inicial.
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[1] Universidad San
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[2] Universidad San
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